Hantavirus Andes 2025-2026: ¿Estamos ante la próxima pandemia global?
La probabilidad de que el Hantavirus Andes (ANDV) se convierta en un problema global comparable a la pandemia de COVID-19 es baja, aunque estadísticamente no nula. Esta evaluación integra datos epidemiológicos activos de la temporada 2025-2026, análisis de transmisibilidad cuantitativa mediante el número reproductivo básico (R₀), comparación con la biología del SARS-CoV-2, y lecciones aprendidas de la respuesta global a COVID-19. La conclusión es clara: se justifica vigilancia activa y preparación clínica, pero no alarmismo.
1. Contexto Epidemiológico: Los Datos de 2025-2026
El punto de partida de cualquier análisis
de riesgo debe ser la evidencia epidemiológica vigente. Lo que ocurre en el
hemisferio sur durante el verano austral 2025-2026 no es un brote rutinario.
1.1 Carga de enfermedad regional
Durante 2025, ocho países de las Américas notificaron al sistema regional de vigilancia sanitaria un total de 229 casos confirmados de hantavirus y 59 muertes. Esto representa una tasa de letalidad global del 25.8% para el período (Organización Panamericana de la Salud [OPS], 2025).
Argentina emerge como el epicentro más preocupante. Desde junio de 2025 se han confirmado 101 casos, casi el doble de los 57 registrados en el mismo período del año anterior. La letalidad actual del 32% supera en 10 puntos porcentuales el promedio histórico, constituyendo la cifra más alta documentada en décadas (Ministerio de Salud de la Nación Argentina, 2025a).
⚠ Señal de alerta: El incremento de la mortalidad relativa, más que del número absoluto de casos, es el indicador más preocupante. Puede sugerir cambios en la virulencia del patógeno, falla en el diagnóstico temprano, o ambos.
El brote asociado al crucero MV Hondius representa el primer test de estrés real para los sistemas de respuesta internacional ante hantavirus. Al momento de la publicación, 13 pasajeros y 1 tripulante de nacionalidad española han sido confirmados como casos. La presencia de múltiples nacionalidades a bordo activa protocolos de alerta sanitaria internacional bajo el Reglamento Sanitario Internacional (RSI) 2005 (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2024).
En respuesta, el Centro Europeo para la
Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) activó sus protocolos de rastreo
en menos de 24 horas. El Ministerio de Sanidad de España emitió comunicados
públicos dentro de las 48 horas de la notificación inicial. Estas acciones
reflejan una vigilancia global cualitativamente superior a la existente en
diciembre de 2019 (European Centre for Disease Prevention and Control [ECDC],
2025).
2. Transmisibilidad: El Factor Determinante
Para comprender por qué el Hantavirus Andes
no es el próximo COVID-19, es imprescindible entender la métrica central de la
epidemiología infecciosa: el número reproductivo básico.
2.1 ¿Qué es el R₀ y por qué importa?
El número reproductivo básico (R₀,
pronunciado "R cero" o "R naught") es el número
promedio de nuevos casos que genera un caso infeccioso en una población
completamente susceptible, sin intervenciones de salud pública. Es la métrica
fundamental para predecir el potencial pandémico de un patógeno.
La interpretación es directa:
•
R₀ < 1: El brote se extingue de forma natural. Cada
caso genera menos de un nuevo caso.
•
R₀ = 1: Estado endémico estable. La enfermedad persiste
pero no crece.
•
R₀ > 1: El brote se expande. A mayor valor, mayor
velocidad de diseminación.
• R₀ > 2-3: Potencial pandémico significativo en ausencia de inmunidad previa.
Ahora bien, el R₀ no es una constante
biológica fija: varía según comportamientos poblacionales, densidad
demográfica, condiciones ambientales e intervenciones sanitarias. Esta
distinción es clave para el análisis que sigue.
2.2 R₀ del Hantavirus Andes: evidencia
cuantitativa
La estimación más robusta disponible en la literatura científica proviene del análisis del brote histórico de El Bolsón (Argentina, 1996), que con 34 casos y 11 fallecidos representa el mayor episodio documentado de transmisión persona a persona de ANDV:
R₀ estimado ANDV: 2.12 (IC 95%: 1.68 - 2.63) antes de intervenciones de aislamiento y cuarentena. Este valor se redujo a 0.96 tras la implementación de medidas de salud pública, logrando la extinción del brote (Jonsson et al., 2010; Martínez et al., 2020).
Un segundo análisis independiente, también
basado en datos argentinos, estima el R₀ en 1.5 para escenarios con contacto
estrecho en comunidades rurales (Padula et al., 2004; Wells et al., 2022).
2.3 Comparación directa con SARS-CoV-2
|
Patógeno / Cepa |
R₀ estimado |
Tipo de transmisión |
Fuente |
|
Hantavirus Andes (ANDV) |
1.5 – 2.12 |
Contacto cercano / secreciones |
Jonsson et al., 2010 |
|
SARS-CoV-2 Wuhan original |
2.0 – 3.0 |
Aerosoles / gotículas |
Liu et al., 2020 |
|
SARS-CoV-2 Delta |
5.0 – 6.0 |
Aerosoles eficientes |
Liu & Rocklöv, 2021 |
|
SARS-CoV-2 Ómicron BA.1 |
8.0 – 15.0 |
Aerosoles muy eficientes |
Kang et al., 2022 |
|
Influenza estacional H3N2 |
1.2 – 1.4 |
Gotículas / contacto |
Biggerstaff et al., 2014 |
|
Sarampión |
12.0 – 18.0 |
Aerosoles de larga distancia |
Guerra et al., 2017 |
El análisis comparativo revela que el R₀ del ANDV es superficialmente similar al del SARS-CoV-2 original. Sin embargo, esta comparación numérica es engañosa si se ignora la biología de la transmisión.
3. Limitaciones Biológicas: Por Qué el R₀ No Cuenta la Historia Completa
Un R₀ similar no implica un potencial
pandémico similar. Las características biológicas del ANDV imponen
restricciones fundamentales a su capacidad de diseminación global que el
SARS-CoV-2 no tenía.
3.1 Ventana de contagiosidad extremadamente
estrecha
El período durante el cual un paciente con ANDV es capaz de transmitir el virus a un contacto es de aproximadamente 24 horas, con la máxima contagiosidad coincidiendo con el inicio de la fiebre. Esta restricción temporal es dramáticamente diferente al perfil de SARS-CoV-2, que mantiene contagiosidad durante 2-3 días antes del inicio de síntomas y 5-10 días posteriores, con un período total de hasta 14 días en casos moderados-graves (Cevik et al., 2021; Wölfel et al., 2020).
En términos prácticos: mientras que un
paciente con COVID-19 asintomático puede contagiar inadvertidamente en el metro
durante días, un paciente con ANDV tiene una ventana de transmisión que
corresponde al momento en que generalmente ya está siendo evaluado médicamente
por fiebre alta.
3.2 Requisitos de contacto y ausencia de
transmisión aerógena eficiente
La literatura disponible documenta que la
transmisión persona a persona del ANDV requiere:
•
Contacto físico directo con el caso índice o sus
secreciones
•
Tiempo prolongado en espacios cerrados compartidos (el
concepto de "conviviente" domiciliario)
• Exposición a fluidos corporales (saliva, secreciones respiratorias en distancia corta)
No existe evidencia de transmisión aerógena
eficiente a distancia, como la documentada para SARS-CoV-2 Ómicron. Un pasajero
en un avión internacional que compartiese cabina con un caso en su ventana de
máxima contagiosidad representaría un riesgo estadísticamente bajo pero no
nulo: posible, pero sin el perfil diseminativo del coronavirus (Wells et al.,
2022; Padula et al., 2004).
3.3 Exclusividad de la cepa Andes para
transmisión interhuman
De las más de 40 especies de hantavirus
identificadas globalmente, el Hantavirus Andes es el único con transmisión
documentada de persona a persona. Todos los demás hantavirus, incluyendo el
Virus Sin Nombre (causante del Síndrome Pulmonar por Hantavirus en
Norteamérica), requieren exposición directa a roedores infectados o sus
excretas. Esta característica evolutiva única del ANDV, aunque preocupante,
también define los límites de su nicho epidemiológico (Hjelle &
Torres-Pérez, 2010; Jonsson et al., 2010).
3.4 Geografía del reservorio: el factor
contenedor más poderoso
El reservorio animal del ANDV es Oligoryzomys longicaudatus, popularmente conocido como el ratón colilargo o ratón de cola larga. Esta especie habita de forma predominante los bosques húmedos y valles del sur de Chile y Argentina, sin poblaciones establecidas en Europa, Asia, América del Norte, o África (Medina et al., 2009; Hjelle & Torres-Pérez, 2010).
Esto implica que la transmisión zoonótica primaria, es decir, de roedor a humano, no puede ocurrir en contextos geográficos fuera del rango del reservorio. Aunque la transmisión humano-humano existe, esta depende de una cadena que comienza en una zona ecológica definida. Sin expansión del nicho del reservorio, no hay expansión sustancial del riesgo de introducción zoonótica.
Diferencia clave con SARS-CoV-2: Los murciélagos reservorio del SARS-CoV-2 tienen distribución global. El ratón colilargo del ANDV tiene distribución geográfica restringida al cono sur de Sudamérica. Este factor biogeográfico es el mayor limitante de la pandemia por ANDV.
4. La Paradoja Epidemiológica de la Alta Letalidad
La mortalidad del 32% documentada en la
temporada 2025-2026 merece análisis cuidadoso desde la perspectiva de la
dinámica de transmisión.
4.1 Alta mortalidad como factor protector a
nivel poblacional
Existe una paradoja epidemiológica bien documentada: patógenos con alta letalidad tienen, generalmente, menor potencial pandémico que patógenos con mortalidad moderada o baja. La razón es matemáticamente sencilla.
Un paciente con Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH) grave evoluciona hacia insuficiencia respiratoria y colapso cardiovascular típicamente en el día 4-6 desde el inicio de síntomas. Para ese momento, ya está en una unidad de cuidados intensivos (UCI), con aislamiento de contacto y gotículas, fuera de la comunidad y en su ventana de máxima contagiosidad (Jonsson et al., 2010; Halsey et al., 2020).
Esto contrasta directamente con COVID-19,
donde entre el 40-70% de los casos cursaron de forma asintomática,
continuando actividades cotidianas y transmitiendo activamente durante días sin
saberlo. La asintomaticidad del SARS-CoV-2 fue su principal ventaja
epidemiológica para la diseminación (Oran & Topol, 2020; Johansson et al.,
2021).
4.2 Implicación clínica directa
Para el equipo prehospitalario, esta paradoja tiene una consecuencia operacional crucial: el paciente con ANDV en fase de máxima contagiosidad generalmente presenta signos clínicos evidentes que deben activar protocolos de aislamiento. A diferencia del paciente con COVID-19 asintomático, el paciente con SPH en ventana de transmisión es un enfermo que requiere evaluación urgente.
5. Lecciones de COVID-19: Errores que No Deben Repetirse
El análisis del Hantavirus Andes en
2025-2026 es inseparable del marco histórico de la pandemia de COVID-19.
Identificar los errores sistémicos de esa experiencia permite evaluar con mayor
rigor el riesgo actual.
Error A: Negación inicial y opacidad
informativa
Durante las primeras semanas de enero de
2020, la posición oficial de la OMS sostuvo que no había evidencia de
transmisión humano-humano eficiente del SARS-CoV-2, un posicionamiento que la
evidencia posterior desmintió (Huang et al., 2020). El contraste con la
respuesta actual al ANDV es notable: el ECDC, el CDC de Estados Unidos (Nivel
de Alerta 3), y múltiples gobiernos europeos activaron alertas internacionales
y comunicación pública de riesgo en menos de 48 horas tras la identificación de
los casos en el crucero (ECDC, 2025; Centers for Disease Control and Prevention
[CDC], 2025).
Error B: Confusión entre riesgo individual y
riesgo poblacional
Una de las fallas más costosas de la
comunicación en COVID-19 fue la ambigüedad entre el riesgo para un individuo
particular (bajo en personas jóvenes y sanas) y el riesgo para la población
general incluyendo grupos vulnerables (alto). Esta confusión fue aprovechada
para minimizar medidas de salud pública con consecuencias devastadoras (Van
Bavel et al., 2020). Con el ANDV, la comunicación oficial hasta ahora ha
mantenido claridad en este punto.
Error C: Retraso en medidas de contención
Las semanas de debate político sobre
confinamientos en Europa y Estados Unidos durante febrero-marzo de 2020
permitieron que el SARS-CoV-2 alcanzara transmisión comunitaria sostenida en
decenas de países antes de que se implementaran medidas efectivas (Flaxman et
al., 2020). El RSI 2005 establece mecanismos específicos de respuesta rápida, y
la evidencia actual muestra que estos se están activando en cronogramas
aceptables para el ANDV.
Error D: Impreparación hospitalaria
El colapso de UCI, la escasez de ventiladores mecánicos y la ausencia de protocolos clínicos estandarizados caracterizaron la primera ola de COVID-19 en múltiples sistemas de salud (Grasselli et al., 2020). Esta variable no aplica de la misma forma al ANDV: el Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH) y el Síndrome Pulmonar y Cardiovascular (SPC) por Hantavirus son entidades clínicas documentadas desde 1993, con más de tres décadas de literatura sobre su manejo, incluyendo protocolos de ventilación mecánica protectora, soporte hemodinámico y, en los casos más graves, uso de ECMO (Duchin et al., 1994; Halsey et al., 2020; MacNeil et al., 2011).
6. Análisis de Escenarios: Probabilidades Bayesianas
Integrando la evidencia epidemiológica, biológica y de respuesta sistémica, se propone el siguiente análisis de escenarios prospectivos para el período 2025-2026:
|
Escenario |
Descripción |
Probabilidad estimada |
|
1. Contención exitosa |
Brote confinado al crucero y contactos directos. Total global:
<100 casos. Patrón similar a brotes previos de ANDV (El Bolsón 1996, brote
Patagónico 2018-2019). |
60-70% |
|
2. Diseminación limitada multicéntrica |
200-300 casos confirmados en 4-5 países (España, Italia, UK y
otros). Transmisión secundaria controlada. 50-75 muertes globales. No
pandemia, sino brote multicéntrico manejable. |
20-25% |
|
3. Problema global / pandemia |
Requeriría adaptación viral hacia transmisión aerógena eficiente,
o emergencia simultánea de focos zoonóticos en múltiples continentes. No hay
evidencia actual que sustente este escenario. |
<5% |
|
4. Endemia establecida fuera del cono sur |
ANDV se convierte en patógeno endémico en países europeos o
Norteamérica, similar al patrón de dengue o chikungunya. Requiere
establecimiento del reservorio. |
10-15% |
Nota
metodológica: Las probabilidades asignadas son estimaciones
bayesianas basadas en la evidencia disponible a enero de 2026 y deben
actualizarse dinámicamente conforme evolucione la situación epidemiológica.
7. Recomendaciones Operacionales para Equipos Prehospitalarios y
Hospitalarios
El verdadero valor de este análisis para
los profesionales de emergencias no es académico sino operacional. Las
siguientes recomendaciones están organizadas por nivel de atención.
7.1 Nivel prehospitalario / EMS
Reconocimiento clínico temprano
La presentación inicial del SPH es
clínicamente inespecífica y se asemeja a un síndrome gripal: fiebre, mialgias,
cefalea intensa y síntomas gastrointestinales. El punto de inflexión clínica,
característico de esta enfermedad, ocurre típicamente entre los días 4-6 con
inicio abrupto de disnea que progresa rápidamente hacia insuficiencia
respiratoria.
Criterios de sospecha para activación de
protocolo de aislamiento en contexto prehospitalario:
•
Fiebre + disnea de instalación rápida, en ausencia de
otra etiología evidente
•
Antecedente de viaje reciente a Argentina o Chile
(particularmente zonas rurales o boscosas del sur)
•
Contacto con personas que hayan participado en el
crucero MV Hondius o viajes similares
•
Residencia o actividad laboral en área de exposición a
roedores silvestres
Protocolo de aislamiento en la escena
Ante sospecha de ANDV, implementar medidas
de precaución estándar para patógenos de transmisión por gotículas y contacto:
•
Equipo de protección personal (EPP): mascarilla N95 o
superior, guantes de nitrilo, gafas protectoras
•
NO diferir la intervención clínica por gestión del EPP:
el riesgo de transmisión en escena, con EPP adecuado, es manejable
•
Notificación a la institución receptora con antelación
para preparar aislamiento en urgencias
•
Destino: UCI o unidad de alta complejidad, NO
hospitalización en piso general
7.2 Nivel hospitalario / UCI
Manejo clínico del SPH/SPC
El SPH tiene tres fases clínicamente
distintas que determinan el manejo:
1.
Fase prodrómica (días 1-4): Síndrome febril
inespecífico. Manejo sintomático y vigilancia estrecha de saturación de
oxígeno.
2.
Fase cardiopulmonar (días 4-7): Edema pulmonar no
cardiogénico de rápida instalación, shock cardiogénico. Requiere ventilación
mecánica protectora con estrategia de bajo volumen tidal (6 ml/kg de peso
ideal), PEEP optimizada y soporte vasopresor.
3.
Fase de convalecencia (días 7-14 en supervivientes):
Resolución progresiva. Monitorización de función renal y estado hemodinámico.
En casos de shock cardiogénico refractario
a manejo convencional, el soporte circulatorio mecánico mediante ECMO
veno-arterial ha demostrado ser un puente efectivo hacia la recuperación y debe
considerarse en centros con disponibilidad de esta tecnología (Halsey et al.,
2020; MacNeil et al., 2011).
7.3 Vigilancia epidemiológica activa
Recomendaciones específicas para servicios
de salud en Colombia y otros países de América Latina:
•
Incluir antecedente de viaje a Argentina o Chile en el
tamizaje de urgencias de todo paciente con síndrome febril + disnea
•
Establecer protocolo de notificación a epidemiología
hospitalaria ante cualquier caso sospechoso
•
Coordinación con autoridades de salud pública para
rastreo de contactos de viajeros del crucero MV Hondius que transiten por el
país
• Capacitación del personal de triage en reconocimiento de la presentación clínica del SPH
8. Vigilancia Sin Alarmismo
El Hantavirus Andes en la temporada 2025-2026 representa un evento de salud pública que merece atención seria y preparación activa por parte de los sistemas de emergencias, tanto prehospitalarios como hospitalarios. No merece, sin embargo, el alarmismo que podría generar una comparación superficial con COVID-19.
Las diferencias biológicas fundamentales, la geografía del reservorio, la ventana de contagiosidad restringida, y la ausencia de transmisión aerógena eficiente son factores que limitan estructuralmente el potencial pandémico del ANDV. Estos factores no dependen de la respuesta de los sistemas de salud: son características del patógeno.
Lo que sí depende de los sistemas de salud
es la capacidad de reconocer tempranamente los casos, implementar medidas de
aislamiento adecuadas, y proveer el soporte intensivo que esta enfermedad
requiere. En ese terreno, la experiencia acumulada desde 1993 y las lecciones
de COVID-19 proveen una base sólida para una respuesta efectiva.
La vigilancia activa y la preparación clínica son imperativas. El
pánico colectivo y la respuesta desproporcionada serían, en cambio, un error
que ya cometimos una vez y que los sistemas de emergencias no podemos
permitirnos repetir.
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Sobre el
Autor
Este artículo fue elaborado por un médico intensivista con experiencia en sistemas de emergencias médicas (EMS), y tiene como objetivo proveer una evaluación técnica rigurosa a profesionales de la salud prehospitalaria y hospitalaria. El análisis incorpora metodología epidemiológica estándar y revisión de literatura científica indexada actualizada a enero de 2026.
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Aviso legal: Este artículo tiene
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